sábado, 27 de abril de 2013
El secreto de Eloy [Relato]
¡Esta semana arde de concursos!
martes, 1 de febrero de 2011
ETOPEYA: UN TIPO INCORRIENTE (Pablo González Álvarez)

Entre el paseo marítimo de la ciudad se podía distinguir a una persona especial, una persona diferente, una que demostraba estar sumida en sus profundos sentimientos a cada paso que daba. Esa persona llevaba auriculares, cuando andaba calmadamente en una larga tarde de primavera, para no escuchar el ruido exterior, para no oir sin querer las desdichas y necedades de la gente. Él tenía preocupaciones más importantes por las que estar en vela. Él sentía una gran debilidad por el saber. Si había una frase que odiaba con toda su alma, era aquella que dice: “Sólo sé que no sé nada”. Él no quería saber nada, él querñia saberlo todo y no dejar nunca nada atrás, pues pensaba que siendo consciente de todo podría descubrir los secretos que encierra la vida, pero aún se le escapaba una cosa muy importante que sí que debía saber y esta era que; a cada cosa que aprendía nueva, llevaría una carga más, una verdad que al fin y al cabo podría doler, cada cosa nueva le proporcionaría una pizca más de realidad y le quitaría cada vez más fantasía, y sin fantasía... Dios sabe el tormento y la amargura de la verdad que le esperaría.
Pero él no podía evitarlo porque esa debilidad por el saber formaba parte de él, como otras tantas cualidades y defectos. Era un hombre curioso, optimista, pues sino no podría reunir fuerzas para salir de tantos grandes baches que le han presentado y se le presentarán en la vida. Era un hombre que disfrutaba siendo diferente pues así veía los errores de la gente pero no veía en nadie fallos similares a los suyos y eso le hacía que fuera difícil reconocerlos y repararlos. Tenía un cierto don para la soledad, prefería aislarse del restos de personas para no “contaminarse” como él decía.
Sólo existe una persona así y esta está en mi mente.
domingo, 12 de diciembre de 2010
PROMETIDOS HASTA LA ETERNIDAD (David Guerrero)

domingo, 27 de junio de 2010
EL MOMENTO (Soufian Nachid Vera)

¿Qué ha pasado entre nosotros? Ya no te conozco, te miro y ya no me siento seguro contigo. Nosotros queríamos hablar, ahora, nos peleamos otra vez. Si eres sincera, lo sabes, no merezco esto. Lentamente me entra miedo ya que tú no puedes amar los sentimientos que tengo, no me correspondes. Me pongo enfermo si me dices que esto es mentira. Me dices que soy tu gran suerte, pero te comportas como una niña porque me dejas sufrir. ¿De dónde viene ese odio?
No quería ver la realidad, que pierdo este sitio, este sitio en tu corazón, muy profundo, hasta tu alma. Tus miradas me cogen del cuello con una red. Ya no me escuchas, mis palabras no valoras, mis pensamientos vuelan por el cuarto en cualquier sentido. Tienes miedo, es mejor si escapas por esto. Mejor que te vayas cuando veas lágrimas en mi cara. Me voy a casa ahora, tiro la toalla. Si te tuviera, odiaría este texto. No estoy bien.
Me acuerdo cuando te vi la primera vez. Estabas hablando con tu amiga en la playa, en ese mismo instante supe que tenía ante mí a la madre de mis hijos, y cuando te reíste, sonó tan dulce que parecía que cantaban los ángeles. Y cuando sonríes es como si olvidara el sol y la luna, que son el regalo de Dios. Y por supuesto, como eres muy importante, se hecha de menos una persona así si ya no está. Si recibo la llamada y escucho que estas en cama, me hundo más que al tomar una droga. Hago una brecha en la pared con mi puño, tengo miedo, miedo de ir al hospital. Creo que puedes oírme, ahora estoy a tu lado. Los dos sabemos que entre nosotros ha pasado mucho. Como tienes que estar aquí acostada y te mantienen con oxigeno, da igual lo que ha pasado, quiero estar a tu lado pase lo que pase.
Los médicos dicen que hoy nos abandonas, escucho latir tu corazón suavemente. Y se me escapan las lágrimas, te quería decir tantas cosas; que quería arreglar nuestros problemas, que mis palabras eran verdaderas. Yo sé que los ángeles van a tener tu alma con mucho cariño y una mariposa volará todas las mañanas. Deja tus miedos aquí, llévate mis esperanzas. Yo sé que la muerte es una cosa triste para todo el mundo, apostaría mi corazón. Si pudiera llevarte hasta el cielo en mis brazos, acostarte allí y llevarme todos tus daños…
Pero es tu viaje. No puedo acompañarte. Dios no quiere que este contigo en este viaje. Es el momento en el que te quitan la vida y aunque estemos en contra, ya da igual, porque el destino existe. Esperamos ese día y lo malo siempre llega, hasta que llega el momento.
miércoles, 28 de abril de 2010
QUERIDA INOCENCIA... (Kandela)

Cuando era pequeña, el mundo era completamente distinto.
No había político; el país… que digo el país… el mundo estaba gobernado por un rey con barba, coloretes, pelo rizado y espumoso, con una corona brillante, que vivía en un castillo de piedras blancas y perlas. De hecho, no existía la palabra gobernar.
No había elecciones amañadas; una hermosa princesa sería rescatada de la torre del dragón por un apuesto ``príncipe encantador´´ ¡y cualquier de nosotras podía ser! No se puede amañar eso… ya que la palabra amañar tampoco existía.
No había guerras… un valiente héroe (que casualmente coincidía con el príncipe encantador) nos salvaba de todos los villanos. O… ¡qué diablos! Un hada saldría del mundo de los sueños y con su magia los arreglaría todo.
Era un mundo en el que con ponerte la ropa enorme de tu madre y pintándote los labios te convertías en una mujer adulta y bella. Un mundo donde el ser princesa estaba tan al alcance de tu mano como tocar las estrellas… ¡sólo tenías que estirarte! ¡Así, un poco más…!
Lo peor que podía pasarte era que saliese el monstruo que había debajo de tu cama. Pero no pasaba nada pues si te tapabas la cabeza con la manta no podía hacerte daño.
Pues aunque la sociedad actual intente convencernos de los contrario, yo seré la que jure y perjure que se puede vivir en un astro, que puedo transportarme a un mundo maravilloso cada vez que me duermo y que ni nadie ni nada hará que deje de cree en el amor eterno, ni en el príncipe azul en el que se convertirá mi sapo en cuanto lo bese…
lunes, 19 de abril de 2010
EL TRAJE DE DOMITILA (Carmen Blanes)
Vamos a ver, ¿cuántas de aquí estáis casadas? ¡Bien! Y…. ¿Cuantas llevasteis en la ceremonia del matrimonio el clásico traje de novia blanco? Si, si, ese que ahora cientos de mujeres orientales se compran por catálogo y así cumplen uno de los mayores deseos más grandes de su vida. Si ese de cola y velo. ¡Ese! ¡¡¡Qué bonito!!! … ¡¡¡Qué guapas!!!!....
Domitila también lo llevó. Al llegar a la entrada de la domus, su recién estrenado esposo la cogió en brazos y la elevó dulcemente por encima del escalón del zaguán. Se iniciaba su nueva vida. Esposa de Publio Anneo.
Ya en el interior de la casa, escuchando el brotar del agua en la fuente del atrio miraba sus manos. Estrenaban un nuevo ornamento, el ius connibus, el anillo de bodas. Todo un símbolo. La marca del matrimonio.
Dicen los que tanto les gustan los números que, aproximadamente tres meses tarda en desaparecer la marca blanquecina que deja el anillo de bodas en el dedo “anular” de la mano izquierda (o de la derecha..) cuando se quita tras el divorcio. Bueno, tres meses…. Yo me pregunto cuánto tiempo tarda en desaparecer las marcas del alma.
La vida de Domitila os la imagináis a partir de este acontecimiento, ¿no?. Tareas domésticas, embarazos, con toda seguridad la muerte de uno o más de sus hijos al nacer o en los primeros años de vida, sumisión al marido y al patriarca de la pater familias, etc, etc, etc…. Una mujer romana cuando se casada sine manu, es decir bajo tutela paterna, si enviudaba podía volver a casa de su padre, pero si no, pasaba a depender de la familia del esposo, cum manu, fueran cuales fueran las consecuencias, por ejemplo, perder la tutela de sus hijos e hijas o incluso pasar al más bajo escalafón dentro de la familia.
Pero no voy a contaros la vida de Domitila la recién casada, sino el antes de la boda.
Domitila se crió en el seno de una familia de artesanos, su padre era un prestigioso alfarero de una importante ciudad romana de la Bética. Querido por los de su gremio y amado por su esposa y por sus hijos e hijas. Domitila era la mayor.
Domitila soñó una y otra vez con el día de su boda. La educaron para ello. Cantar, bailar, el arte del saber hablar u oratoria, conocer la literatura griega y latina, las buenas maneras, cocinar, coser, dirigir a las esclavas, buena amante, sumisa esposa y creyente en los dioses de su casa y de su ciudad.
Desde los doce años estuvo prometida a Publio Anneo, hijo de Anneo el Gaditano. Comerciante de pro e influyente entre los patricios de la ciudad. El padre de Publio y el padre de Domitila, son los que decidieron el casamiento en los esponsales y establecieron la dote que la joven aportaba al matrimonio. Se casarían en la mejor época del año, la segunda quincena de junio.
Con su hermana la menor, sentada en la arena del suelo del atrio de su casa, imaginó y dibujó una y otra vez como iba a ser su traje de bodas. Una túnica blanca que le llegaba a los pies, ceñida por un cinto, y una cofia que sujetaba el flammentum, velo de color anaranjado, que le cubría la cabeza y le caía cubriéndole la cara.
El manto, el velo, la cola, el tocado del pelo, las flores. Si, si, todo, porque los trajes de novia de las muchachas romanas eran iguales al que tú y tú, llevasteis en vuestra boda.
El color blanco, la pureza, la virginidad. El velo naranja, el regocijo, el placer. Y la cola, pensáis que eso es un diseño moderno. ¿Qué no sabéis que significa la cola?. Si todo es lo mismo, todo desde que la diosa madre se convirtió en un guerrero. Me remito a la época romana.
La novia lleva una cola como una escoba. Si, confirmado, no miento. La cola significa escoba. La cola arrastrada por el suelo, a modo de escoba, va borrando las huellas del pasado y de la mala suerte que puedas llevar a la domus (casa) de tu esposo desde la domus de tu padre. ¡Ea!. Las casas romanas estaban protegidas por los dioses lares y los penates (nuestros santitos de ahora) y al exterior de las casa pululaban unos dioses no tan benévolos que eran el mal agüero, de la mala suerte. Para evitar llevar la mala suerte desde la casa de tu padre a la del queridísimo esposo, llevaban una cola a modo de “sabia” e invisible escoba. Dentro de la casa y sin traje de novia, se te adjudica de por vida otra menos “sabia” y más visible escoba.
Domitila, en la víspera de su boda consagró sus juguetes de niña a una divinidad de la casa, después se acostó con el traje nupcial y el flammentum que le cubría la cabeza.
El rito nupcial comenzaba consultando los auspicios, y si no era malo, quería decir que los dioses eran favorables a esta unión. Se firmaba el contrato nupcial delante de diez testigos. Las manos de la pareja se colocaban una encima de la otra y se comprometían a vivir juntos.
Luego, como en todas las bodas, comenzaba el banquete nupcial en casa de la novia. La casa se engalanaba con flores y guirnaldas. Ya por la tarde el esposo con el rito del uxorem ducere fingía arrancar a la esposa de los brazos de su madre y se dirigían a la casa, la esposa se hacía acompañar hasta la casa de su esposo por una antorcha de spino spine alba encendida y músicos que hacían sonar sus flautas junto con las gentes del banquete que entonaban cantos religiosos y pícaros.
Al llegar Domitila a la puerta de la casa de su marido, éste le preguntó su nombre; ella contestó: .- Ubi tu Publio, ego Publia -. (Si tú eres Publio, yo soy Publia-). Entonces el marido la levantó a pulso para que no tocase el escalón de la puerta con el pie y la hizo entrar en la casa y se pronunciaron plegarias a las divinidades de la nueva casa. Lo del escalón, imaginaros lo que significa. No hacer entrar en la casa la mala suerte que pudiera traer desde la casa paterna y de la calle. O pensáis que era un detalle del novio y que implicaría, la protección, la comodidad, el sosiego que ibais a gozar a partir de entonces bajo su auspicio, quizás también.
Domitila murió, rodeada de su hijo e hijas, fue una mujer fuerte, influyente y luchadora, amada por los que la conocieron y a la que se recuerda con amor y respeto.
Para ti y para las muchas Domitilas, que vieron en su traje maravilloso un regalo, y en el escalón la libertad y las salida del yugo paterno.
viernes, 16 de abril de 2010
VOY CAMINO DE LA LOCURA (Borja Fernández González)
PD: Si recupero la cordura, pondré un “que os jodan en la lápida”





